jueves, 26 de mayo de 2016

Me lo contó un marinero


Estas son historias que cuentan los marineros, que con un prejuicio muy acertado, se los llama supersticiosos. Pero es verdad decir que estos creen en apariciones y fantasmas, y son muchas las historias que cuentan al respecto.

La primera se trata de un barco fantasma. Cuando los pescadores franceses ven desde la duna un barco barco fantasma llamado Concord y que esta tripulado por unos hombres con gorros rojos, saben inmediatamente que un peligro grave se avecina. ¿Qué forma tienen los pescadores de saber si se avecina un peligro? Muy fácil, observar en los alrededores si hay un barco fantasma llamado Concord. Si no está ese barco no hay peligro alguno por mas que uno este por cortarle la cabeza al marinero de guardia. Así como este hay muchos barcos fantasmas, como por ejemplo, el Refanu, de Suecia, es un barco tan grande que un viaje de popa a proa dura 3 días, por los que las órdenes son transmitidas a caballo y los mastiles son tan altos que cuando se alcanza la cima ya se es viejo

Los marinos antiguos que no estaban familiarizados con las corrientes, quedaban maravillados cuando veían un barco moverse en contra del viento, lo cual generó varias creencias. Decían que los demonios levantaban a los barcos para explicar tal efecto, también pensaban que el diablo podía poseer o encantar a los barcos y que luego el mismo conducía juntos sus ayudantes, y muchos marineros dudaban de salvar a un hombre que se estuviera ahogando por tener miedo de enfurecer a los demonios que lo habían arrogado al agua. Siguiendo la línea, los hindúes, nunca salvaban a un hombre que se estuviera ahogando en el rio sagrado Ganges, ya que la leyenda decía que el que salvaba a un hombre terminaría ahogándose en el mismo. Otros pueblos de aquellos pajes van aún más lejos en este asunto, porque piensan que si un hombre cae al agua y no puede salir, es un gran pecado salvarlo si está destinado a ahogarse, asique dejan que el destino se cumpla. Es más, el mismo ahogado debe abstenerse de todo intento de eludir su destino, si una persona se salva, los demás no le hablaran, ni le darán comida, ni conseguirá esposa. 

Otra leyenda francesa cuenta que un día Satanás construyo un enorme barco en el que metió muchas almas en pena, de esas que nunca faltan. En esta embarcación satanás cometió  muchas piraterías, a todas sus víctimas las capturaba y las metía en el barco. Finalmente, el éxito que estaba teniendo este diablillo, enfureció a San Telmo, no al barrio, sino al santo. Y una noche el santo se acercó al barco diabólico y destruyó el casco, satanás tuvo el tiempo justo para salvarse del agua pero toda la tripulación se ahogó. Desde entonces todas las noches oscuras y cálidas, el barco arde en el mar, las llamas suben hasta el cielo y hay olor a azufre. Esta es la explicación del fuego de San Telmo que aparece en los mástiles de los barcos durante las tormentas eléctricas en el mar.

Hay otro barco encantado en la mitología griega, que tiene como protagonista a Melivea, una doncella que se encontraba en matrimonio con un muchacho llamado Alexis. Ella lo amaba y era correspondida de arriba abajo, pero en realidad estaba prometida en matrimonio, no estaban casados, y sus padres sin tener en cuenta este amor mutuo, la correspondieron a otro. Seguro tenía más plata. Entonces Alexis, desesperado, se desterró, y Melivea, al enterarse que no se iba a poder casar con su amor, se tiró desde el tejado de la casa, lamentablemente no sufrió daño alguno, no lo pensó muy bien, antes solo había casas de planta baja. Cuando vio que había caído y no había muerto, aprovecho el envión y salió corriendo hacia el puerto para refugiarse en una nave y llorar desconsolada. De pronto las velas de aquel barco se desplegaron solas y sin que nadie lo guiase, el barco se hizo a la mar. A los días, el barco llego a una isla, y quien estaba en la isla? sisi, el novio desterrado. El amante justo estaba preparando un asado con los amigos que se hizo en la isla, y aprovechando el banquete y la ocasión, se casaron. Después, agradeciendo a los dioses, levantaron en Éfeso un santuario a Artemis, con el nombre de Autómata (porque el barco se movió solo) y Epidaitia (porque llego cuando estaban por poner la mesa).

Otro barco que me gusta mucho es el famoso Naglfar de la mitología nórdica. El señor de los gigantes, Hymir, es el que lo conduce rodeado de unos guerreros altos como castillos. Esta nave estaba construida con las uñas de los muertos, que eran recortadas por las fuerzas del mal. Para que esta nave no se haga mas grande, los nórdicos hicieron un ritual funerario que consistía en cortar prolijamente las uñas de los muertos para retrasar el fin del mundo y para joder a los maléficos constructores de aquella nave.

Para ir terminando, se presenta el Holandés Errante, capaz el más conocido. La historia trata de un marino condenado a vagar eternamente por la superficie del mar. Se dice que en un viejo de castillo de algún lugar, vivían hace 600 años (y esto fue escrito hace 30, asique fue hace 630 años) dos hermanos, Valeren y Reginald. Ambos amaban a una joven, hija de un conde, pero Valeren la enamoró y se casó con ella. En la noche de bodas, el otro hermano, entro a la habitación donde los novios dormían y los asesinó. Valeren antes de morir le hizo a su hermano una mancha de sangre en la cara, y su hermano buscando alivio para su conciencia, fue a buscar a un santo ermitaño que vivía en el bosque. Pero el ermitaño no lo absolvió, sino que le dijo que se encaminara al norte hasta que no viera mas tierra, allí se le daría una señal. Medio arrepentido, Reginald, encaró para el norte acompañado por una figura blanca a su izquierda y una negra a su derecha. Viajo mucho hasta que se encontró con el mar, y de repente, apareció una barca que lo condujo hasta una fragata abandonada en una bahía, subió al barco acompañado de las sombras, y el barco empezó a navegar sin rumbo fijo. En la recamara del barco había una mesa y solo dos sillas, en los que se sentaron las dos sombras, y jugando a los dados, apostaban el alma de Reginald hasta el fin de los tiempos.

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